La continuidad de las empresas familiares y su capacidad para adaptarse a los nuevos desafíos empresariales centraron la mesa coloquio «El futuro de la empresa de juego: transformar sin perder la esencia», celebrada en el marco del XIX Congreso de Juego de Castilla y León, en Soria.
El debate estuvo moderado por Ramón Cubián, director general de Suelo de la Comunidad de Madrid y delegado de Ordenación y Gestión del Juego, y contó con las intervenciones de Eduardo Estévez, director de Empresa Familiar Castilla y León; Mónica Palomares, directora general del Grupo Cocamatic; y Pedro García, director de Relaciones Institucionales, Comunicación y RSC y secretario general del Grupo Orenes.
Uno de los principales asuntos abordados fue cómo garantizar la continuidad de las compañías familiares en un contexto que exige estructuras de gestión cada vez más organizadas y profesionales. Los participantes pusieron de relieve la importancia de mantener los valores y la cultura empresarial que han acompañado a estas organizaciones desde sus orígenes, al tiempo que incorporan nuevas formas de trabajar y tomar decisiones.
De la gestión familiar a una organización profesionalizada
La experiencia de las nuevas generaciones constituye uno de los ejes de esta transformación. La incorporación de los sucesores no consiste únicamente en asumir las funciones que desempeñaban sus predecesores, sino también en adaptar la empresa a una realidad en la que resulta necesario definir responsabilidades, distribuir tareas y establecer procedimientos de gestión.
En este sentido, durante la mesa se destacó la importancia de evolucionar desde modelos muy dependientes de las personas hacia organizaciones con funciones delimitadas y sistemas que faciliten el trabajo conjunto. La definición de quién toma las decisiones, quién asume cada responsabilidad y cómo se comparte la información permite reducir la dependencia del conocimiento individual y reforzar la estructura de la compañía.
La profesionalización de la gestión también implica incorporar perfiles especializados y aprovechar el talento con independencia de su pertenencia a la familia propietaria. El objetivo es que cada persona pueda aportar valor desde su función, manteniendo una separación clara entre la propiedad de la empresa y su dirección profesional cuando las necesidades de la organización así lo requieran.
El relevo generacional, un reto estratégico
La sucesión representa uno de los momentos más delicados para cualquier empresa familiar. La transición entre generaciones exige preparación, planificación y una adaptación progresiva de los métodos de gestión. No basta con trasladar el modelo de los fundadores a sus sucesores: es necesario construir una estructura capaz de responder a las nuevas dimensiones y necesidades del negocio.
Otro aspecto destacado fue la conveniencia de compartir el conocimiento mediante bases de datos y procedimientos comunes, de modo que la información relevante permanezca dentro de la organización y no dependa exclusivamente de determinadas personas. Esta sistematización contribuye a preservar la experiencia acumulada y facilita la continuidad de la actividad.
Las empresas familiares cuentan con fortalezas como la agilidad en la toma de decisiones, la cercanía y una identidad corporativa consolidada. Sin embargo, también deben afrontar desafíos relacionados con la planificación de inversiones, la distribución de responsabilidades y la adaptación de sus estructuras a medida que crecen.
La mesa coloquio concluyó con una reflexión transversal para el sector: transformar una empresa familiar no significa renunciar a sus orígenes, sino encontrar la manera de preservar su identidad mientras se prepara para el futuro. Una cuestión especialmente relevante para las compañías del juego, donde la continuidad empresarial depende tanto de la experiencia acumulada como de la capacidad para profesionalizarse y adaptarse a nuevas exigencias.














